Autismo y prematuridad

Este contenido fue desarrollado por profesionales de la salud, académicas y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile

Autoras: Ignacia Rojas Sepúlveda, Carolina Andrade Riquelme, María Paz Torrejón, Constanza Céspedes, Valentina Poblete, Catalina Valdovinos.

La evidencia actual muestra una relación clara entre la prematuridad y el riesgo de desarrollar trastorno del espectro autista (TEA). Factores como el bajo peso al nacer, alteraciones neurológicas, condiciones adversas y factores psicosociales aumentan este riesgo. Desde muy temprano, los niños prematuros pueden mostrar señales sutiles como dificultades en la comunicación y en la regulación de la conducta. Incluso se ha propuesto un posible «fenotipo conductual prematuro», con rasgos similares al TEA. Esto resalta la necesidad urgente de detección e intervención temprana, especialmente en Latinoamérica, donde aún faltan estudios y recursos adecuados para la detección e intervención.

Definición de prematuro

Revisar: https://asfaprem.cl/todo-sobre-prem/#tipos-de-prematuro

Sí, debido a que la prematuridad se puede considerar como factor de riesgo ante diferentes problemas de salud. Uno de ellos es el Trastorno del Espectro Autista (TEA), donde se ve aumentado su diagnóstico en niños que nacen prematuros, especialmente, aquellos prematuros extremos.

Existe un término llamado fenotipo conductual prematuro que se refiere a un conjunto de características presentes en niños prematuros que incluyen síntomas como déficit atencional, problemas de interacción social y ansiedad, las cuales son consideradas como síntomas similares al autismo, pudiendo dar resultados positivos en pruebas usadas para diagnosticar TEA.

Se ha demostrado que existen diversas condiciones que pueden influir en el desarrollo del trastorno del espectro autista, algunos de ellos están presentes en la condición de prematuridad.

Estos componentes se describen a continuación:

Menor edad gestacional

Se ha visto en diversos estudios que a menor edad gestacional al nacer aumenta el riesgo de presentar un diagnóstico de TEA. Esto quiere decir que los prematuros muy extremos tienen una mayor probabilidad de ser diagnosticados con TEA en comparación a los niños nacidos a término.

Bajo peso al nacer

Los bebés con peso extremadamente bajo (menor a 1.500 gr) tienen mayor probabilidad de desarrollar TEA que los niños que nacen con un peso adecuado.

Sexo masculino

Si bien la probabilidad de presentar un diagnóstico de TEA en prematuros aumenta, al tener sexo masculino, estos niños presentan aún más probabilidades de desarrollar esta condición, duplicando su riesgo en comparación con el sexo opuesto.

Complicaciones de salud

En los bebés prematuros se observan con mayor frecuencia algunas alteraciones cerebrales, como leucomalacia periventricular o atrofia cerebral, que también se han visto en niños y niñas con autismo. Otras condiciones graves como la enterocolitis necrotizante (especialmente cuando requiere cirugía), pueden afectar el desarrollo cerebral y aumentar el riesgo de TEA.

Asimismo, factores como infecciones durante el embarazo o hemorragias maternas pueden interactuar con la predisposición genética del niño.

En las unidades neonatales, ciertos tratamientos necesarios —como corticosteroides, opioides o el uso prolongado de oxígeno— se han asociado con efectos en el desarrollo neurológico, incluyendo un mayor riesgo de presentar autismo.

Factores sociodemográficos y ambientales

Algunas condiciones del entorno pueden influir en la probabilidad de recibir un diagnóstico de autismo, pero no son causas directas.

Por ejemplo, cuando las familias tienen mayor nivel educativo o socioeconómico, suele haber mayor acceso a evaluación, lo que facilita detectar el autismo en edades más tempranas, especialmente en niños sin discapacidad intelectual.

Por otro lado, algunas condiciones de salud de la madre durante el embarazo —como hipertensión o diabetes gestacional— y ciertos antecedentes de salud mental en los padres se han asociado a un mayor riesgo, aunque su efecto es moderado.

Factores familiares o sociales

Tanto la prematurez como tener familiares con autismo son factores que aumentan la probabilidad de TEA. Cuando ambos están presentes, ese riesgo es mayor.

Además, algunas complicaciones del embarazo, del parto o los primeros meses de vida —como parto difícil, sufrimiento fetal o infecciones severas— pueden influir en el desarrollo neurológico y aumentar ligeramente el riesgo de autismo.

Es importante recordar que ninguno de estos factores determina por sí solo el resultado. Son solo elementos que pueden influir, especialmente cuando se combinan con otros.

Los niños prematuros tienen un mayor riesgo de presentar diferencias en su desarrollo, por lo que el Programa de Seguimiento del Prematuro y los controles de salud en los establecimientos de APS son fundamentales. En estas evaluaciones, el equipo de salud observa su comunicación, interacción y juego para identificar señales que requieran apoyo.

Algunas señales tempranas que pueden llamar la atención son:

  • Poco contacto visual o menor interés por los rostros.
  • Escasa respuesta a su nombre o a gestos sociales.
  • Menor uso de gestos, sonidos o imitación.
  • Dificultad para compartir intereses o emociones.

Estos signos no significan por sí solos autismo, pero justifican una evaluación más detallada.

Herramientas de detección

En los CESFAM y en el seguimiento del prematuro se aplican pruebas como:

  • M-CHAT-R/F (desde los 18 meses), para detectar riesgo de TEA.
  • Evaluaciones de comunicación y conducta según la edad.
  • Derivación a especialistas cuando es necesario para realizar estudios más específicos (como ADOS-2 o ADI-R).

La detección temprana permite acceder antes a intervenciones que favorecen el desarrollo. La Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda la detección del TEA entre los 18 y 24 meses de edad aumentando la posibilidad de intervención y diagnóstico tempranos, además se sugiere un segundo seguimiento en niños que no muestran retrasos en el desarrollo en la primera etapa.

Recomendaciones para familias

  • Confía en tus observaciones: si notas diferencias en la comunicación, el juego o la interacción, coméntalo en tu CESFAM o con el equipo del seguimiento del prematuro o al pediatra de cabecera.
  • No esperes “a que hable” para consultar.
  • Participa en los controles aunque tu hijo parezca estar bien: ahí se identifican señales que no siempre son evidentes en casa.
  • El diagnóstico no define a tu hijo: solo ayuda a orientar los apoyos que puede necesitar.

Referencias